El arte de soplar qel vidrio, la prodigiosa habilidad y la destreza en trabajarlo, constituye uno de los más preciosos valores de nuestra multisecular tradición artística cultivada desde 1719 en los hornos vidrieros de la familia Gordiola. A lo largo de casi tres siglos, a través de sucesivas generaciones, los artesanos y maestros vidrieros han ido modelando con el ingenio de su inspiración, el aire de sus pulmones y la agilidad de sus manos las piezas cuyas formas, transparencias y reflejos todavía hoy nos seducen. Cada pieza es única, por lo que ninguna es idéntica a la otra. Toda burbuja irregularidad o asimetría son características del vidrio soplado artesanalmente y confieren a estas obras su particular encanto.